El Municipio volvió a cerrar el año en rojo y destinó el 83,37% de sus recursos al funcionamiento, mientras el gasto en personal creció con fuerza. La administración terminó 2025 con un presupuesto 41,79% superior al originalmente aprobado.
A eso se suma una caja que apenas cubría el 14,03% de las obligaciones pendientes y una ejecución de solo 42,83% de los fondos previstos para bienes de uso. El balance muestra que el problema no fue solo la falta de recursos, sino cómo la gestión de Perez administró, reasignó y ejecutó el presupuesto municipal.
La Cuenta de Inversión 2025 del Municipio de Río Grande dejó una fotografía difícil de disimular para la administración de Martín Perez: déficit por segundo año consecutivo, más gasto corriente, menor inversión y una estructura presupuestaria que terminó muy lejos de la originalmente aprobada.
Los números oficiales muestran que el Municipio recaudó $145.289 millones durante el ejercicio, pero devengó gastos por $154.349 millones. El resultado fue un rojo de aproximadamente $9.060 millones, equivalente al 6,24% de los ingresos.
El dato adquiere mayor peso al observar que no se trató de un episodio aislado. En 2024 la administración local ya había cerrado con un déficit cercano a los $8.955 millones. Es decir, Río Grande acumuló dos ejercicios consecutivos gastando por encima de sus ingresos.
Un déficit que se vuelve recurrente
La repetición del rojo fiscal abre interrogantes sobre la capacidad de planificación de la gestión municipal.
Durante dos años consecutivos, los gastos terminaron superando a los recursos disponibles. Lejos de corregirse, el desequilibrio volvió a aparecer en 2025 prácticamente en los mismos niveles que durante el ejercicio anterior.
El problema no parece limitarse, por lo tanto, a una coyuntura puntual. Los datos muestran una estructura de gastos que continuó consumiendo recursos mientras la inversión retrocedía.
Para una administración municipal, sostener déficits de manera consecutiva implica trasladar obligaciones de un ejercicio al siguiente y reducir el margen para afrontar nuevas demandas sin recurrir a mayores reasignaciones, deuda o postergación de gastos.
El funcionamiento municipal absorbió más del 83% de los recursos
Uno de los datos más contundentes del balance aparece en la composición del gasto.
Durante 2025, $121.125 millones fueron destinados al funcionamiento municipal, una cifra equivalente al 83,37% de todos los recursos disponibles.
El porcentaje resulta especialmente relevante porque la Carta Orgánica establece como pauta que este tipo de erogaciones tienda a no superar el 50% de los ingresos permanentes.
Dentro de esa estructura, el gasto en personal creció 50,27% interanual y alcanzó los $66.634 millones.
El incremento no permite determinar por sí solo si hubo un aumento equivalente de la planta municipal, ya que puede incluir recomposiciones salariales, adicionales, contratos, recategorizaciones u otros conceptos. Pero sí deja en evidencia cuánto más peso adquirió el gasto salarial dentro de las cuentas públicas.
En paralelo, los servicios no personales también aumentaron con fuerza: crecieron 63,40% y alcanzaron los $47.009 millones.
El resultado fue una administración cada vez más costosa en su funcionamiento cotidiano.
Más gasto corriente, menos inversión
Mientras el gasto operativo aumentó, la inversión municipal siguió el camino contrario.
Los gastos de capital pasaron de $21.267 millones en 2024 a $13.764 millones en 2025, lo que representa una caída nominal del 35,28%.
Su participación dentro del gasto total también se desplomó: pasó del 18,38% al 8,90%.
El contraste resulta central para entender el balance de la administración de Perez. Mientras una porción cada vez mayor de los recursos fue destinada a sostener el funcionamiento del Municipio, la inversión en bienes, infraestructura y capital perdió peso de manera significativa.
El dato se vuelve todavía más marcado al analizar la ejecución de los fondos previstos.
El Municipio contaba con un crédito de $32.072 millones para bienes de uso, pero ejecutó solo $13.736 millones.
Eso representa apenas el 42,83% de los recursos disponibles para ese objetivo.
En otras palabras, más de la mitad de la inversión presupuestada no se concretó.
Una caja que no alcanzaba para cubrir las obligaciones
El deterioro también aparece al analizar las obligaciones pendientes.
Río Grande cerró 2025 con una deuda flotante de $23.815 millones, mientras los fondos disponibles alcanzaban apenas $3.341 millones.
Eso significa que la caja municipal podía cubrir solo el 14,03% de las obligaciones pendientes.
Dicho de otra manera, por cada peso disponible había más de siete pesos todavía pendientes de pago.
La comparación con el año anterior vuelve a mostrar un retroceso. En 2024, los fondos disponibles alcanzaban para cubrir el 29,08% de la deuda flotante. Un año después, esa capacidad cayó a menos de la mitad.
La situación refleja que una parte relevante de los compromisos asumidos durante 2025 terminó trasladándose al ejercicio siguiente.
Un presupuesto que terminó 41,79% por encima del aprobado
Otro de los indicadores que golpea directamente sobre la capacidad de planificación de la gestión aparece en las modificaciones presupuestarias.
El presupuesto originalmente aprobado para 2025 era de $133.267 millones.
Sin embargo, al cierre del ejercicio terminó ubicado en $188.959 millones.
La diferencia representa un incremento del 41,79% respecto del cálculo inicial.
Más allá de que las modificaciones presupuestarias forman parte de la administración habitual, semejante distancia entre el presupuesto aprobado y el finalmente ejecutado expone una programación que debió ser corregida de manera constante.
A eso se sumaron compensaciones positivas y negativas entre partidas por $484.252 millones por cada lado, producto de múltiples reasignaciones internas.
El volumen de movimientos muestra un presupuesto que durante el año estuvo lejos de mantenerse dentro del esquema originalmente aprobado.
La gestión gastó más, pero invirtió menos
El balance de 2025 deja un contraste difícil de esquivar para la administración municipal.
Por un lado, aumentaron con fuerza los gastos asociados al funcionamiento y al personal.
Por el otro, cayó la inversión, se ejecutó menos de la mitad de los fondos previstos para bienes de uso y el Municipio volvió a cerrar con déficit.
A eso se agrega una deuda flotante muy superior a los fondos disponibles y un presupuesto que terminó casi 42% por encima de lo que originalmente había sido aprobado.
Los datos ponen bajo discusión el argumento de una simple falta de recursos.
El eje pasa por cómo fueron administrados los fondos disponibles, qué prioridades eligió la gestión y cuánto de lo presupuestado terminó efectivamente transformándose en inversión para la ciudad.
Dos años en rojo y una señal de alarma para Río Grande
La administración de Martín Perez termina así con una señal de advertencia difícil de minimizar.
El déficit se repitió por segundo año consecutivo. El funcionamiento municipal absorbió más del 83% de los recursos. El gasto en personal creció más de 50%. La inversión cayó con fuerza y menos de la mitad de los fondos previstos para bienes de uso terminó ejecutándose.
Al mismo tiempo, la caja cubría apenas una pequeña parte de las obligaciones pendientes y el presupuesto final quedó muy por encima de la planificación inicial.
El resultado general puede resumirse en una fórmula sencilla: más gasto corriente, más deuda y menos inversión.
Y es precisamente ese contraste el que deja expuesta a la gestión municipal: el problema de Río Grande no fue solamente cuánto dinero tuvo disponible, sino cómo Martín Perez decidió administrarlo, reasignarlo y ejecutarlo.
Fuentes: https://www.instagram.com/p/DczwNnADZyq/?igsi=MTIyOGl4c25tM3ZvYw%3D%3D





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